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10 GIFs para saber cuándo ha llegado el momento de...

10 GIFs para saber cuándo ha llegado el momento de cambiarte de casa

A veces intentamos negar lo evidente y puede que esa estrategia funcione durante un tiempo. Hasta que uno se da cuenta de que ha cambiado y que no hay nada que pueda hacer excepto aceptar la nueva realidad. Esto se aplica especialmente (y cruelmente) al proceso de convertirse en un adulto hecho y derecho.

Asumámoslo: tal vez ya no te parezca tan cómodo como antes compartir un piso con compañeros o tener un estudio que parece más bien al armario bajo la escalera de Harry Potter.

Esto pasa mayoritariamente cuando uno termina la universidad y comienza la vida laboral. El cambio es tan gradual que no se ve venir, pero está ahí. Cada vez estarás menos tiempo saliendo con los amigos, pasarás interminables horas en el trabajo y tal vez empieces a soñar constantemente con esos maravillosos momentos de paz y tranquilidad.

Pero quizás no hayas llegado a eso. Tal vez ni siquiera hayas terminado tus estudios, o puede ser que ya hayas pasado por esta experiencia hace tiempo. De todas formas, ¡seguro que tienes un ratito para echar unas risas! Para todos vosotros, he aquí una selección de las razones por las cuales hay que mudarse de piso ya, ¡antes de volverse loco!

1.Tu lavadora baila más que tú los sábados por la noche

Una de las señales que indican que tienes un caso severo de “adultidad” es cuando te das cuenta que no puedes salir de fiesta dos días seguidos. O dos fines de semana seguidos… Una vez te hayas curado de la Saturday Night Fever de tu juventud, te darás cuenta de que tu desvencijada lavadora (¡si es que tienes una!) se mueve más que tú.

2. Sientes la necesidad de alejarte de otros humanos

¿Te acuerdas de aquella época cuando disfrutabas de tener constantemente compañía? Pues bien, ese tiempo ya ha pasado y ha sido sustituido por una necesidad imperiosa de que te dejen en paz. Por supuesto, eso no quiere decir que vayas a convertirte en un ser antisocial, sino más bien que cuando estés cenando con tus amigos, te darás cuenta de que estás fantaseando con estar en tu sofá viendo Netflix. Puede que en un primer momento te lo reproches a ti mismo y te digas “¡¿Qué me está pasando?!”, pero ya será demasiado tarde…

3. Es difícil traer invitados

Y cuando sí quieras socializarte e invites a tus amigos, resulta que no habrá espacio para ellos. ¡Apenas tienes sitio para cenas y veladas! ¿No sería fantástico tener, no sé, más de cuatro sillas? ¿Y de paso que todas sean de la misma altura? ¿Y que quepan? ¡Hasta una habitación de invitados no estaría mal!

Lo sé, somos unos soñadores…

4. Ahora le ves el sentido a tener la casa bien limpia… pero otras personas no tanto

La tranquilidad y limpieza son dos conceptos que vienen de la mano. Y pese a que probablemente, como adulto novato, necesites aún llegar a un nivel más Zen para tener tu casa totalmente impecable, al menos es TU desorden. Entiendes la lógica detrás de tu caos, pero el de otras personas te volverá loco. Querrás encontrar las cosas donde las dejaste, aunque fuera en un sitio inusitado para el ojo inexperto. Por otro lado, a mí personalmente me gusta no tener que lavar el colador cada vez que lo necesito.

5. Tu vecindario es demasiado ruidoso por las noches

Y eso no te gusta. Tal vez antes sí que te gustaba. Te hacía sentir cool, como si fuera algo contagioso. Pero un día, casi sin darte cuenta, empezó a parecerte muy molesto y ahora ya no puedes soportarlo. Si sientes la necesidad de agarrar una escoba y empezar a golpear el techo con ella, ¡tu transformación se ha completado!

6. Los bichos sí que te dan asco.

Ya lo hacían antes, solo que habías aprendido a vivir con ello a cambio de pagar menos por la renta. Pero ahora, según han ido ganando territorio, ya no lo aguantas un minuto más. Y si tienes la “buena suerte” de que tu casero no se quiera ocupar del asunto, esto te deja con solo dos opciones: o envenenarte lentamente por usar cantidades ingentes de insecticida a diario, o rendirte y escapar ahora que todavía estás a tiempo.

7. Has aprendido a apreciar la luz solar

Antes no te importaba que vivieras básicamente en una mazmorra. Tampoco es que la luz del sol ayude mucho con la resaca. Pero ahora que ya has descubierto cómo son las mañanas de los fines de semana, puede que te estés empezando a replantear tu situación. Es más, si te pasas la mayor parte del tiempo en tu oficina/lugar de trabajo, puede que empieces a notar la falta de vitamina D. Si te sientes identificado con esta descripción, ¡deberías plantearte migrar a un apartamento más luminoso!

8. Tus cosas ya no te caben

Espera… ¡¿cómo has llegado a este extremo?! Tu habitación parecía un palacio cuando te mudaste aquí. Pero ahora de alguna forma desconocida has llenado cada esquina con cosas que no sabías ni que necesitabas, pero de las que no podrías deshacerte por nada del mundo. ¡Ya no cabe ni un alfiler! Enhorabuena, ¡eres un adulto! Afortunadamente, este proceso puede ser revertido, ¡y puede hasta te unas al Tiny House movement!

9. Te pasas más tiempo cocinando que comiendo

Si eres de los que toman pizza de desayuno, comida y cena, ¡bien por ti! ¡Yo te apoyo! En caso contrario, puede que ya te hayas percatado de que tu cocina se te ha hecho pequeña. Los apartamentos viejos vienen con cocinas viejas y a menudo pequeñas. Y no hay nada más irritante que preparar un cordon bleu durante horas y quemarlo por ese maldito horno destartalado. ¡Por no hablar sobre lo incómodas que pueden ser las cocinas enanas! ¡Seguro que hay más accidentes que en las grandes!

10. Lo sientes hasta en los huesos

No hay fuerza en el universo más poderosa que la de la convicción. Y una vez hayas llegado a la conclusión de que no estás cómodo en tu apartamento, ya no lo podrás ver como lo veías antes. Puede que empiece el día que un amigo haga un comentario sobre los armarios de la cocina, o una mañana en la que tu mirada somnolienta recaiga sobre una grieta nueva en las baldosas del baño. Sea como sea, una vez estés convencido ¡no podrás esperar a marcharte!

Pero recuerda que la impaciencia es el peor enemigo de un home hunter: ¡podrías terminar en un sitio aún peor del que saliste! Para estar seguros, aquí tienes una checklist de todo lo que necesitas comprobar cuando vayas a ver apartamentos.

Ya sé que la vida no es tan sencilla y no por desear una cosa quiere decir que necesariamente la vayas a conseguir. Tal vez no te puedas mudar porque no te lo puedes permitir, porque tu contrato no ha expirado y no lo puedes romper, o porque simplemente ahora mismo tienes demasiadas cosas entre manos. Y no pasa nada, es parte de la vida. Si no puedes cambiar de piso, siempre habrá cosas que puedas mejorar del que tienes. Y, en caso de que estés planeando irte en un futuro, si lees este artículo conocerás trucos para ir preparándolo y que te devuelvan la fianza.

¿Has pillado todas las referencias de los GIFS? ¿Has echado en falta algún motivo por el que cambiarse de piso? ¡Cuéntanoslo en la sección de comentarios!


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